Históricamente, la contabilidad de las empresas se ha centrado en los resultados financieros. No obstante, en los últimos años, la irrupción de la RSE ha exigido la incorporación de nuevos indicadores para cuantificar el impacto de la compañía sobre los stakeholders externos. Así ha nacido el concepto de Triple Bottom Line, una cita obligada en la agenda de los líderes de nuestro tiempo.
Por Rifat Lelic
Muchos líderes empresarios están persuadidos de que las acciones que llevan adelante para favorecer al medio ambiente o a la sociedad en la que operan son desvíos a su propósito principal: ¡Ganar Dinero!
Y, ciertamente, si observamos los reportes contables típicamente utilizados por las empresas, estas acciones suelen figurar como actividades filantrópicas que no están totalmente integradas con el negocio.
En efecto, las utilidades de una compañía se calculan, por lo general, en una planilla donde primero se suman los ingresos por ventas y luego se restan los diversos costos. El siguiente renglón calcula la diferencia o ganancia final. En la jerga financiera, este último renglón se conoce como el “bottom line”. Y estas ganancias van a parar a manos de los dueños de la empresa, llamados los stockholders (accionistas), que son quienes invirtieron el capital financiero que permite que la organización se desarrolle.
Ahora bien, además del capital financiero, existen otras variables que permiten que una empresa funcione.
Aquí debemos considerar también al capital económico. Por ejemplo, la licencia que le da la sociedad a la empresa para que opere, la infraestructura legal y económica y la estabilidad y receptividad del mercado consumidor.
Pero el funcionamiento de la organización también necesita de capital social. Por ejemplo, el compromiso de los empleados y el apoyo de la comunidad. Y obviamente un capital natural representado básicamente por el agua, el aire, las fuentes de energía y otros recursos.
Normalmente, los resultados del bottom line financiero son cuidadosamente estudiados, controlados y publicados periódicamente. Pero fuera del análisis quedan las otras bottom lines, que miden la eficiencia en el uso de los demás capitales mencionados.
Entonces, si existen tres capitales definidos en juego: ¿por qué no hacer entonces una triple evaluación de la gestión empresaria, una Triple Bottom Line?
Si bien la bottom line única es omnipresente, hoy en día hay vientos de cambio. Empresas productoras de equipos eléctricos, proteínas a partir de vegetales, gaseosas, energía, automóviles, son los primeros actores que entendieron que involucrarse en la solución de los problemas ambientales y sociales no es un tema solamente de responsabilidad, sino también de sostenibilidad. Sigue leyendo
